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Artículo: ¿Por qué dormimos peor en verano? No todo el insomnio tiene el mismo origen.

¿Por qué dormimos peor en verano? No todo el insomnio tiene el mismo origen.

¿Por qué dormimos peor en verano? No todo el insomnio tiene el mismo origen.

Cada verano aumenta el número de personas que refieren dificultades para dormir. Sin embargo, atribuirlo únicamente al calor es una simplificación excesiva.

El descanso nocturno depende de una compleja interacción entre la temperatura corporal, el ritmo circadiano, la secreción de melatonina, la actividad del sistema nervioso autónomo y el estado neuroendocrino. Durante los meses estivales, varios de estos mecanismos fisiológicos pueden alterarse simultáneamente.

1. La temperatura corporal deja de favorecer el inicio del sueño

Para iniciar el sueño el organismo necesita disminuir aproximadamente entre 0,5 y 1 ºC la temperatura corporal central.

Este descenso activa mecanismos fisiológicos relacionados con la vasodilatación periférica y constituye una de las señales que recibe el hipotálamo para favorecer el inicio del sueño.

Cuando la temperatura ambiental permanece elevada durante la noche, este mecanismo resulta menos eficiente.

Como consecuencia:

  • aumenta la latencia del sueño;
  • disminuye el sueño profundo (N3);
  • aparecen más despertares nocturnos;
  • disminuye la sensación de descanso al despertar.

 

No es casualidad que numerosos estudios hayan demostrado que las olas de calor reducen tanto la duración como la calidad del sueño.

2. La exposición prolongada a la luz modifica el ritmo circadiano

El verano también modifica la principal señal biológica que regula nuestro reloj interno: la luz.

La retina transmite esta información al núcleo supraquiasmático del hipotálamo, encargado de sincronizar los ritmos circadianos.

Cuando la exposición lumínica se prolonga durante más horas:

  • se retrasa la liberación fisiológica de melatonina;
  • disminuye la sensación de sueño a la hora habitual;
  • se desplaza el horario natural del descanso.

 

En personas especialmente sensibles, este pequeño retraso es suficiente para alterar la conciliación del sueño.

La melatonina constituye precisamente la principal hormona sincronizadora del ritmo sueño-vigilia y su producción depende directamente de la oscuridad ambiental.

3. El verano también incrementa el estrés fisiológico

Paradójicamente, aunque solemos asociar el verano con descanso, para muchas personas supone un aumento del estrés biológico:

  • peor recuperación nocturna;
  • cambios de horarios;
  • viajes frecuentes;
  • mayor actividad social;
  • alteraciones digestivas;
  • deshidratación;
  • incremento de cortisol en personas con elevada carga laboral.

 

Cuando el sistema nervioso permanece en un estado de hiperactivación, el problema deja de ser únicamente la melatonina.

En estos casos aparecen síntomas como:

  • dificultad para desconectar;
  • pensamientos repetitivos antes de dormir;
  • sueño superficial;
  • despertares frecuentes;
  • sensación de no haber descansado.

 

La evidencia científica muestra que el estrés crónico favorece el agotamiento de los depósitos de magnesio, mientras que la deficiencia de magnesio aumenta la susceptibilidad frente al estrés, estableciendo un círculo vicioso entre ambas situaciones. Además, el magnesio participa en la regulación de neurotransmisores inhibidores como GABA y modula la respuesta al estrés mediada por catecolaminas y glucocorticoides.

No todo el insomnio debe abordarse igual

Desde un punto de vista fisiológico podemos diferenciar dos perfiles muy frecuentes.

Cuando el problema es la alteración del ritmo circadiano

Pacientes que:

  • tardan en dormirse;
  • tienen horarios desordenados;
  • presentan jet lag;
  • trabajan por turnos;
  • mantienen una buena calidad de sueño una vez conciliado.

 

En estos casos, el objetivo principal consiste en volver a sincronizar el reloj biológico.

Administrar Melatonina antes de acostarse, ayuda a reducir la latencia del sueño y favorece un descanso de mayor calidad. Nuestra formulación incorpora además Piridoxal-5'-Fosfato (P-5'-P), la forma metabólicamente activa de la vitamina B6, que participa en la síntesis de serotonina y melatonina y potencia su utilización fisiológica.

Cuando el problema es la hiperactivación del sistema nervioso

Existe otro grupo de pacientes que sí tienen sueño, pero son incapaces de "desconectar".

En ellos predominan:

  • estrés mantenido;
  • ansiedad;
  • tensión muscular;
  • despertares nocturnos;
  • sueño poco reparador.

 

En estas situaciones resulta más lógico actuar sobre la regulación del sistema nervioso que únicamente aportar melatonina.

Magsense® combina:

  • Magnesio bisglicinato Albion® de elevada biodisponibilidad;
  • Ashwagandha Sensoril®, extracto estandarizado con evidencia clínica en reducción del estrés;
  • Piridoxal-5'-Fosfato, implicado en la síntesis de neurotransmisores y en el metabolismo del magnesio.

 

Esta combinación está diseñada para favorecer la relajación neuromuscular, modular la respuesta al estrés y contribuir a un descanso de mayor calidad cuando el origen del problema es la hiperactivación fisiológica.

La clave está en identificar la causa

Dormir mal en verano no siempre significa tener un déficit de melatonina.

En algunos pacientes el problema principal es un retraso del ritmo circadiano; en otros, el exceso de activación del sistema nervioso o una combinación de ambos mecanismos.

Comprender la fisiología que hay detrás del insomnio permite individualizar el abordaje y seleccionar la estrategia más adecuada para cada persona, en lugar de aplicar una solución universal a problemas con mecanismos biológicos diferentes.

Porque en medicina, y también en nutrición clínica, el mejor tratamiento siempre comienza por entender la causa.


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